En la vieja estación

Las estaciones de tren son obligado punto de espera hasta comenzar el viaje, un espacio de transición entre la realidad que queda a nuestras espaldas y la que nos espera. El sitio donde focalizamos nuestra atención en lo que nos depara el destino o donde percibimos el comienzo del desarraigo que se avecina.

Correspondientemente y quizás con menor frecuencia, es sitio de espera para los que llegan, donde los abrazos del reencuentro sellan una ansiada espera. En ciudades grandes, son un muestrario de la geografía humana cosmopolita por excelencia. También en estas y, en lo funcional, se tiene una disposición de servicios que nos permiten hacer más llevadera la espera.

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No sólo de viajeros se pueblan las estaciones, aparte de todos los que brindan o ejercen sus servicios. Las estaciones de tren son el último reducto de aquellos estereotipadamente llamados marginales, y que especialmente en las noches, encuentran refugio hasta el cierre de las puertas, para protegerse de las inclemencias del tiempo o bien para aislarse de un mundo que los asedia puertas afuera.

Casi siempre la escenografía y el ritmo de las noches de las estaciones de tren son similares unas a otras. Para quien está llegando, la estación de tren es aquel primer punto donde intentamos buscar las coordenadas del nuevo espacio en que nos insertamos. Allí se nos presentan en escena las nuevas caras, acentos y sonidos e incluso los ritmos de la ciudad o población que nos espera, una vez que traspasemos la puerta de acceso a la estación.

El desayuno de las estaciones es algo que me gusta particularmente, pues dependiendo del lugar en que te encuentres así resultará de atractivo y típico en su contenido. La espuma del café con leche desbordada de la taza me gusta comerla con la cuchara, hasta que no se vean más burbujitas. Entonces echo el azúcar y lo remuevo con una parsimonia que tiene ritmo y hasta tiempos musicales, cuando la cucharilla roza los bordes de la taza en su acompasado girar. El desayuno en la barra de la cafetería de la terminal de trenes es una ceremonia obligada, siempre que el tiempo me lo permite.

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En el vestíbulo de las estaciones es imposible no distraerse, mientras desde fuera se cuela por las ventanas la vida de la calle. Dependiendo de la categoría de cada una de ellas, así será la fauna humana que nos encontremos: hombres de negocios portando maletines y bolsas de mano, familias que viajan con maletas y equipajes pesados, niños que no paran quietos frenando el avance lento y pesado de sus madres. Tiendas de artesanía y regalos para vender. Sin que esa procesión de imágenes nos provoque vértigo.

No hay pensamiento más redondo que ése para pensar y llegar a la estación siguiente antes que el tren donde vayamos a viajar de nuevo.

En estos pensamientos y en otros se me va la mañana, mientras espero, mirando una y otra vez al reloj gigante del vestíbulo de la estación la hora de partida de mi nuevo tren.

Acerca de Ismael Álvarez de Toledo

Ismael Álvarez de Toledo (Tomelloso, España, diciembre de 1956) se dedica en exclusiva al periodismo y la literatura, tras ejercer durante más de veinte años como funcionario del Estado. Desde muy joven tiene inquietudes artísticas, escribe cuentos y esbozos literarios. Participa en numerosos encuentros culturales que le permiten desarrollar su capacidad imaginativa e intelectual con jóvenes de la época y, somete a crítica la actualidad política en España, algo que ha venido haciendo en prensa escrita a lo largo de los años. Ha ejercido su labor periodística en varios gabinetes de prensa de la administración. Asiduo colaborador de periódicos y revistas como ABC, Diario Vasco, Tribuna de Albacete, Diario Montañés, Lanza, Pasos, El Ideal de Granada, Canfali, Diario Crítico, etc. Columnista en El Mercurio, La Nación, de Chile, el Caribeño News, el Globo News. Iás Información y Diario Crítico, entre otros. Como comentarista político ha publicado más de setecientos artículos. Es autor, así mismo de numerosos escritos sobre gastronomía y viajes. Diálogo Interior (1994), Diario de una terrorista (2013) son títulos que siguen presentes en los estantes de las librerías, y consolidan una carrera literaria más allá de nuestras fronteras, donde ha recibido importantes galardones literarios. Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Escritores. Coordinador General de Encuentros Literarios. Alcaide de honor del Castillo de Peñafiel, en Valladolid. Medalla Fray Luis de León, del Excmo. Ayuntamiento de Belmonte, en Cuenca.
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