La afrenta del president

Hace tiempo que los españoles venimos sufriendo un agravio moral y prepotente por parte de los llamados nacionalistas, sobretodo catalanes, a manos de políticos, voceros y estómagos agradecidos, escudados en su labor independiente de periodistas de mayor o menor relieve.

El pasado día 3 de noviembre, se publicaba en el diario El Mundo, un artículo titulado “La sordera y el doctor Pujol”, en el que su autor, Francesc-Marc Álvaro, además de ejercer de defensor a ultranza de su condición de catalán, algo que le honra, arremetía sin contemplaciones sobre el modelo político elegido por los españoles democráticamente e incluso se regocijaba en su artículo, del hecho diferencial catalán, acusándonos de ignorantes y de vivir alimentando “la caricatura fácil y el chascarrilo de la España que prefiere el garrote y la verbena”, por el simple hecho de nos pensar como ellos.

Dudo mucho que este artículo mío llegue a las manos de este señor, entre otras cosas, porque uno conoce sus limitaciones periodísticas, pero en la medida de lo posible y, por si las moscas –que decimos por aquí-, me gustaría dejar claro para los que puedan simpatizar con el modelo político catalán, que en un estado democrático somos los ciudadanos los que elegimos nuestro modelo de autogobierno y, por el momento, a pesar de los pactos que pueda realizar uno u otro partido para asegurarse la gobernabilidad del conjunto del país, no consideramos como viable; siquiera, cambiar lo que este señor llama chascarrillo y garrote, guitarra y pandereta -que dirían otros-, por las majestuosas y bien consideradas costumbres catalanas, “tan finos ellos”.

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Retornando un poco a lo serio, me gustaría dejar de percibir, de una vez por todas, la sensación continuada de afrenta por parte de los políticos catalanes, que no el ciudadano de a pie, que no entiende porqué sus representantes políticos se empeñan en enemistarlos con el resto de ciudadanos del Estado.

Lejos ya el fantasma de la corrupción que agitaba la vida pública, vuelve la crispación de manos de aquellos que se empeñan, como Jordi Pujol, en plantear España de otra manera, removiendo sin pudor, el espíritu de la España invertebrada. Pujol pide que el Estado Español ofrezca todas las garantías para que la “nación catalana” pueda seguir existiendo como tal y en plenitud, dentro de este marco estatal, pero dudo mucho que vaya a conseguirlo ofendiendo la inteligencia de los españoles, de manera continuada y, actuando egoístamente, propiciando un clima anticatalanista de insospechadas consecuencias.

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Probablemente no escribiría de este modo, tan audaz y un poco descabellado, si no hubiera asistido el pasado día 28 de noviembre, a la conferencia que José Bono, presidente de Castilla-La Mancha, ofreció en el Casino de Madrid y cuyo presentador fue el también presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Allí quedó bien claro expuesto y de manera impecable el sentir de muchos ciudadanos españoles y la debilidad con que actúa el gobierno de la Nación en el tema autonómico.

No es cuestión, a mi juicio, el reivindicar a estas alturas, donde se apuesta claramente por la igual entre todos los habitantes del planeta, de si en Cataluña llegó antes Aníbal, don Pelayo, o lo que es lo mismo, si fue antes el huevo o la gallina. Todo ello, porque los habitantes de otras regiones de España, en vez de dedicarse a rebuscar ancestros con títulos nobiliarios, lo hicieron dedicando su tiempo a solventar el hambre que era sin duda empresa más importante. Probablemente, alguna vez en la historia, pasara por estos terrenos áridos y desasistidos, algún rey fenicio, romano o árabe, de quien solicitar ahora un título, para no caer en la afrenta que nos hace Jordi Pujol.

Para algunos, parece más importante este tipo de reivindicaciones, que la vida sosegada y plácida del resto de sus conciudadanos, por mucho que se empeñen en negarlo, haciendo caso omiso del dicho popular de que “dentro de cien años todos calvos”. Puede que para entonces nuestros nietos, o lo que sean, ya no vivan con el fantasma de guerras civiles, de nuestros abuelos, y no actúen de manera tan complaciente. Claro que para entonces deberían dejar Cataluña y Vascongadas de actuar como hijas mal criadas de una España divorciada. Desde tiempo inmemorial se ha mantenido un trato de privilegio con estas dos regiones de España, en detrimento de otras, quizás para disipar la amenaza constante de un separatismo que nunca va a ocurrir. Pero todo en la vida tiene un límite y ya está bien de hacer siempre de Cenicienta.

Me pregunto si es nuestro destino el perpetuo enfrentamiento. Con la Constitución del 78, la que más está durando en la historia de España, parecían disiparse los miedos y los odios, mucho más pasada la transición, pero si algunos se empeñan en levantar fronteras más invisibles que las territoriales, pueden despertar en los ciudadanos, recelos y proclamas de difícil solución. Sería bueno, por último, que todos aprendiéramos a ceder en lo transcendental en aras de una mejor convivencia.

Acerca de Ismael Álvarez de Toledo

Ismael Álvarez de Toledo (Tomelloso, España, diciembre de 1956) se dedica en exclusiva al periodismo y la literatura, tras ejercer durante más de veinte años como funcionario del Estado. Desde muy joven tiene inquietudes artísticas, escribe cuentos y esbozos literarios. Participa en numerosos encuentros culturales que le permiten desarrollar su capacidad imaginativa e intelectual con jóvenes de la época y, somete a crítica la actualidad política en España, algo que ha venido haciendo en prensa escrita a lo largo de los años. Ha ejercido su labor periodística en varios gabinetes de prensa de la administración. Asiduo colaborador de periódicos y revistas como ABC, Diario Vasco, Tribuna de Albacete, Diario Montañés, Lanza, Pasos, El Ideal de Granada, Canfali, Diario Crítico, etc. Columnista en El Mercurio, La Nación, de Chile, el Caribeño News, el Globo News. Iás Información y Diario Crítico, entre otros. Como comentarista político ha publicado más de setecientos artículos. Es autor, así mismo de numerosos escritos sobre gastronomía y viajes. Diálogo Interior (1994), Diario de una terrorista (2013) son títulos que siguen presentes en los estantes de las librerías, y consolidan una carrera literaria más allá de nuestras fronteras, donde ha recibido importantes galardones literarios. Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Escritores. Coordinador General de Encuentros Literarios. Alcaide de honor del Castillo de Peñafiel, en Valladolid. Medalla Fray Luis de León, del Excmo. Ayuntamiento de Belmonte, en Cuenca.
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