En campaña electoral

Vuelve el periodo de la complacencia de nuestros oídos. Es el momento de enriquecer nuestros deseos con la retórica más convincente. Cuando olvidamos nuestras penurias para sumergirnos en el hedonismo de las promesas por cumplir. De los deseos y las peticiones concebidas. Es la precampaña electoral.

Sufrimos estos días las imágenes de políticos empapelados con las páginas de programas, que nadie se lee, para elegir su voto. La opinión pública se agolpa alrededor de líderes y Mesías que fomentan el entusiasmo con palabras hacia las masas. Los humanos siempre mantenemos nuestros oídos abiertos cuando nos ofrecen aquellas ideas y sueños que realmente anhelamos desde hace tiempo. Tenemos la obsesión de prometernos un futuro placentero en este presente lleno de complicaciones.

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Dime lo que quiero oír, háblame de lo feliz que seré el resto de mi vida, menciona cuántos problemas serán solucionados próximamente. Las personas vivimos de promesas y expectativas. Qué esperamos de ellos, qué esperan de mí… Y es que los humanos nos aferramos a aquello que se alimenta de nuestros sueños. Que asegurará nuestra inseguridad. Siempre sucede de la misma manera. La necesidad de encontrar al líder nos lleva a caer en manos desaprensivas y convertirnos en víctimas de la retórica política moderna.

Pero es la época del positivismo exacerbado: todo irá bien los próximos cuatro años. Habrá soluciones rápidas y directas a lo que no se ha hecho durante el resto del tiempo. Y no seremos tan malos como los otros, los del partido contrario, que sólo pretende arruinar nuestras vidas. El maniqueísmo se mezcla con actitudes prefijadas por quien elabora la línea de la campaña electoral. Es cuando los políticos cuidan los colores de sus corbatas, se ponen gafas para dar aspecto de intelectuales, se recortan el bigote, ponen caras de enfadados al hablar de los malos y todo lo pésimo de sus actuaciones, reparten banderitas de todos los colores, flores y besan a los niños. El público emocionado oyendo las palabras del cabeza de lista que discrepa y discrepa cada vez más. Es la subasta: yo prometo uno. Pues yo diez. Mira que subo a veinte…  mientras alguien le dice al oído: tío, no te arriesgues. Y él responde: tranquilo lo olvidarán.

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Todo ello subvencionado con cantidades inmensas de dinero, unos más que otros, para poner guapos a sus candidatos. Es la rutina en la que nos sumergimos cada fin y principio de legislatura. Pero nos encanta. Y vamos a votar, seguramente a aquellos que pensábamos antes de la campaña. Todo el dinero ha servido para ensalzar el mayor espectáculo del mundo, y nunca mejor dicho, hacer más líderes a los Mesías y decepcionarnos con aquellos que nos parecieron flojos en los mítines.

Para los ganadores, toda una fiesta, balcones llenos de amigos, unos que se suponían independientes y otros, los brazos derechos que pronto dejaran de serlo. Y abajo, como siempre, la masa, aquella de que nos habla Unamuno, alabando y anhelando que las promesas sean ciertas. Aunque si no lo son, aceptaremos las disculpas hasta la próxima campaña.

Tras la resaca de la votación y las correspondientes formaciones de gobierno e inauguración de legislatura, escucharemos más silencio. Muchas promesas se verán incumplidas, pero la mayoría las habremos olvidado.

Sin embargo, todo forma parte de la democracia y el juego político, que gracias a los ciudadanos, hemos conseguido. Aunque imperfecta, tenemos la posibilidad de elegir. A pesar de las manipulaciones, tenemos un privilegio del que no todos pueden disfrutar.

Acerca de Ismael Álvarez de Toledo

Ismael Álvarez de Toledo (Tomelloso, España, diciembre de 1956) se dedica en exclusiva al periodismo y la literatura, tras ejercer durante más de veinte años como funcionario del Estado. Desde muy joven tiene inquietudes artísticas, escribe cuentos y esbozos literarios. Participa en numerosos encuentros culturales que le permiten desarrollar su capacidad imaginativa e intelectual con jóvenes de la época y, somete a crítica la actualidad política en España, algo que ha venido haciendo en prensa escrita a lo largo de los años. Ha ejercido su labor periodística en varios gabinetes de prensa de la administración. Asiduo colaborador de periódicos y revistas como ABC, Diario Vasco, Tribuna de Albacete, Diario Montañés, Lanza, Pasos, El Ideal de Granada, Canfali, Diario Crítico, etc. Columnista en El Mercurio, La Nación, de Chile, el Caribeño News, el Globo News. Iás Información y Diario Crítico, entre otros. Como comentarista político ha publicado más de setecientos artículos. Es autor, así mismo de numerosos escritos sobre gastronomía y viajes. Diálogo Interior (1994), Diario de una terrorista (2013) son títulos que siguen presentes en los estantes de las librerías, y consolidan una carrera literaria más allá de nuestras fronteras, donde ha recibido importantes galardones literarios. Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Escritores. Coordinador General de Encuentros Literarios. Alcaide de honor del Castillo de Peñafiel, en Valladolid. Medalla Fray Luis de León, del Excmo. Ayuntamiento de Belmonte, en Cuenca.
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