Reflexiones sobre uno mismo

He llegado a la conclusión de que entre las razones que me mueven a escribir artículos de opinión, con más o menos regularidad, está la curiosidad. Curiosidad acerca del mundo, acerca de mi pueblo, acerca de mí mismo y del verdadero valor de hacer las cosas. Y es cierto que escribimos muchas veces porque queremos abrirnos a otra dimensión, entrar en otras vidas y compartir otros sueños, pero no lo es menos que lo hacemos para ponernos a prueba; llevando al lector nuestras propias preguntas, pero deseosos de responder, a su vez, a cuantas preguntas nos puedan salir al paso. Es más, suelen ser esas preguntas inesperadas, que tal vez ni siquiera imaginábamos que podían llegar a suscitarse, las que constituyen la sal y la razón de ser de un articulista. Por eso los escritos que de verdad me importan, son aquellos que dejan una profunda huella, incluso a veces, de forma inesperada, heridas. Porque en cada uno de mis artículos, por mucho que se empeñen mis detractores, hay una profunda reflexión acerca de la realidad que tenemos delante, seamos o no capaces de admitirlo.

Lo que une al escritor o periodista, en la más amplia definición de la palabra, con el lector desde el encuentro de ambos es la posesión de un mismo lenguaje perceptivo, a pesar muchas veces del silencio público. Un maridaje provechoso que dibuja a modo de relato la vida cotidiana y, a veces, nos llena de metáforas el alma.

yo

No por muchas veces reiterada la situación de los articulistas locales ha perdido su valor. La denuncia pública de situaciones que nos afectan a todos los ciudadanos en general representa un espacio próximo y afín a los objetivos y necesidades que se marca un periodista, sin tener en cuenta, como es mi caso, las veladas amenazas que recibo, incluida la dirección de correo electrónico, amparadas en sutiles anonimatos y la perdida de conocidos, a los que antes supuse amigos, que se apuntan al bando del mejor postor esperando que se les reconozca oficiosamente un prestigio que nunca van a recibir de manos de sus convecinos por méritos propios sino caminando al lado, me temo que detrás, del sol que más calienta.

El resultado final, después de todo, es excitante. La repercusión de las letras que escribo en la soledad de mi cuarto llega a convertirse en una experiencia casi mística, si se puede considerar místico alcanzar todos los excesos de los sentidos a la manera teresiana. El de la vista, que me permite ver fruncir el ceño ante mi paso a los que en su día he señalado por algo. El sentido del oído, que puede deleitarte o vibrar, a gusto de cada cual, ya sean felicitaciones o reprimendas lo que recibas. Pero sin lugar a dudas es el sentido del tacto el que resulta más gratificante. Porque en ese apretón de manos quedan implícitas muchas cosas: la complicidad, la prudencia, la amistad, el compromiso y el afecto.

Los políticos locales aún no han caído en la cuenta de que el enemigo lo tienen entre sus propias conductas, ya sean personales o públicas, mientras buscan malos oficiales a quien hacerles cargar con las culpas o intentan oponerse por la fuerza a la realidad de los hechos.

De acuerdo o no con esta teoría, lo cierto es que voy a seguir escribiendo en la misma línea que lo he hecho en estos casi quince años, le pese a quien le pese, mientras no sucumba a los destinos del poder mi editor y mantenga intacta su imparcialidad e indisciplina tan arraigadas ambas a su propia forma de ser.

Ir con la verdad reflejada en la cara para que alguien te la parta es una historia.

Acerca de Ismael Álvarez de Toledo

Ismael Álvarez de Toledo (Tomelloso, España, diciembre de 1956) se dedica en exclusiva al periodismo y la literatura, tras ejercer durante más de veinte años como funcionario del Estado. Desde muy joven tiene inquietudes artísticas, escribe cuentos y esbozos literarios. Participa en numerosos encuentros culturales que le permiten desarrollar su capacidad imaginativa e intelectual con jóvenes de la época y, somete a crítica la actualidad política en España, algo que ha venido haciendo en prensa escrita a lo largo de los años. Ha ejercido su labor periodística en varios gabinetes de prensa de la administración. Asiduo colaborador de periódicos y revistas como ABC, Diario Vasco, Tribuna de Albacete, Diario Montañés, Lanza, Pasos, El Ideal de Granada, Canfali, Diario Crítico, etc. Columnista en El Mercurio, La Nación, de Chile, el Caribeño News, el Globo News. Iás Información y Diario Crítico, entre otros. Como comentarista político ha publicado más de setecientos artículos. Es autor, así mismo de numerosos escritos sobre gastronomía y viajes. Diálogo Interior (1994), Diario de una terrorista (2013) son títulos que siguen presentes en los estantes de las librerías, y consolidan una carrera literaria más allá de nuestras fronteras, donde ha recibido importantes galardones literarios. Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Escritores. Coordinador General de Encuentros Literarios. Alcaide de honor del Castillo de Peñafiel, en Valladolid. Medalla Fray Luis de León, del Excmo. Ayuntamiento de Belmonte, en Cuenca.
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