Esperanza de cambio

Si hace unos meses la ciudadanía vasca exigía tiempos de cambio a través de las urnas, hoy son los mismos ciudadanos y los representantes de las instituciones del País Vasco los que ven, quieren, sienten o necesitan una esperanza de cambio. La mordaza impuesta durante tantos años por el partido nacionalista vasco a los representantes de las instituciones está cayendo poco a poco y ya van surgiendo las primeras denuncias. Por una parte algunos representantes de la Justicia, abocados a satisfacer, en algún caso, la voluntad del jerifalte de turno y, más recientemente la de los responsables de la ertzaintza que denuncian ante los medios de comunicación cómo desde el gobierno Jetzale se les conminaba a no actuar contra el entorno de ETA.

Siempre hemos intuido, que no especulado ni contrastado, que si ETA y sus secuaces actuaban impunemente era porque no se ejercía contra ellos la vigilancia o la diligencia necesaria. A nadie se le escapa que un partido con la fuerza y la antigüedad del partido nacionalista vasco tiene la potestad suficiente ante su propio electorado y ante los ciudadanos vascos, en general, para demostrar que podía haber acabado con ETA hace muchos años si se lo hubiera propuesto firmemente, pero el que más y el que menos sospecha o ha sospechado en la intimidad, que la banda terrorista ha sido desde siempre un comodín en la partida que han mantenido el gobierno vasco y Madrid.

No puedo imaginar la de muertos que se podían haber quitado de las estadísticas si desde su primera hora se hubiese actuado con contundencia y eficacia, con razonabilidad democrática y sin hacer oídos sordos al clamor popular. Tampoco se lo pueden imaginar muchos nacionalistas que han visto caer bajo las balas asesinas de ETA a familiares y amigos ante la pasividad o permisividad, en algún caso, de compañeros de su propio partido. Y es que cuando se trata de vidas humanas no vale todo señores. El tan temido cambio que se ha producido en la gobernabilidad del País Vasco, podía haber ahorrado algunas vidas, que digo algunas; muchas, pero era más importante afianzarse al poder de manera exacerbada creyéndose el padre salvador de los vascongados o el sucesor de Sabino Arana para los libros de Historia, que salvarle el pellejo a uno de la cuadrilla con tal de no enfadar a los de la capucha.

Esa ambigüedad declarada es la que ha colmado el vaso de la paciencia de los vascos que quieren una convivencia como todo hijo de vecino. Sin tener que bajarse del autobús cada tres por dos para que unos niñatos desalmados le metan fuego, o aguantarse, al mas puro estilo de una dictadura nazi, las opiniones por si llegaran a ser oídas por los amigos de terror.

Hoy se abren nuevos tiempos para todos en Europa, para los vascos, para los maketos, para los bolivianos que venden sus baratijas en el bulevar donostiarra, para los panchitos que sirven txacoli en el casco viejo a falta de euskaldunes detrás de la barra, para polacos, para rumanos, para marcianos sin identificar. Vivimos en la aldea global, pero la luz y el butano ya llegó al caserío hace tiempo, o sea que no se me hagan ahora los mártires. Los baskardo de Sugarkea que cita Ramiro Pinilla en su novela, son eso, personajes de novela, aunque algunos se empeñen, tristemente, en sacar del paleolítico de Euskeria referentes utilizables hoy en día.

Patxi

Cuanto más tardemos en darnos cuenta que ni cien mil levantadores de piedra juntos pueden parar la rueda de la evolución más perjuicio se le hará a este pueblo que vive en un continuo hartazgo de imposiciones de uno y otro lado. Un pueblo que está hasta el gorro de vivir reprimido por el 30% del otro pueblo. Un pueblo que necesita, cada vez más, reencontrarse con los otros vascos que viven al otro lado del muro psicológico.

Nadie se cree ya que el mal viene de fuera, porque está viendo que el mal lo llevan muchos de sus vecinos dentro y lo que quiere esa gente es vivir tranquila, gobierne Patxi López o el monstruo de las galletas, que más da. ¿Acaso es necesario un pasaporte especial para acudir al trabajo, a la universidad o al poteo del medio día? Hoy por suerte, se tarda en cambiar de territorio, ya sea español, francés, marroquí o italiano lo que dura una partida de mus. O sea, que ese cambio tan radical de situación geográfica y cultural, es mucho más rápido que poner de acuerdo a cuatro amigos hablando de política en la sociedad. Hay que joderse.

La esperanza de que este cambio, en ciernes, fructifique pasa porque cada uno entone su mea culpa y a partir de mañana se ponga a trabajar porque a las generaciones venideras no les amargue el futuro ningún cantamañanas con pretensiones, o abuelos chochos que después de joder la pava durante años con su charlatanería barata, ya no salen ni a la calle porque les da vergüenza. ¡¡Aurrera Euskadi!! cambia el rumbo y rompe fronteras.

Acerca de Ismael Álvarez de Toledo

Ismael Álvarez de Toledo (Tomelloso, España, diciembre de 1956) se dedica en exclusiva al periodismo y la literatura, tras ejercer durante más de veinte años como funcionario del Estado. Desde muy joven tiene inquietudes artísticas, escribe cuentos y esbozos literarios. Participa en numerosos encuentros culturales que le permiten desarrollar su capacidad imaginativa e intelectual con jóvenes de la época y, somete a crítica la actualidad política en España, algo que ha venido haciendo en prensa escrita a lo largo de los años. Ha ejercido su labor periodística en varios gabinetes de prensa de la administración. Asiduo colaborador de periódicos y revistas como ABC, Diario Vasco, Tribuna de Albacete, Diario Montañés, Lanza, Pasos, El Ideal de Granada, Canfali, Diario Crítico, etc. Columnista en El Mercurio, La Nación, de Chile, el Caribeño News, el Globo News. Iás Información y Diario Crítico, entre otros. Como comentarista político ha publicado más de setecientos artículos. Es autor, así mismo de numerosos escritos sobre gastronomía y viajes. Diálogo Interior (1994), Diario de una terrorista (2013) son títulos que siguen presentes en los estantes de las librerías, y consolidan una carrera literaria más allá de nuestras fronteras, donde ha recibido importantes galardones literarios. Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Escritores. Coordinador General de Encuentros Literarios. Alcaide de honor del Castillo de Peñafiel, en Valladolid. Medalla Fray Luis de León, del Excmo. Ayuntamiento de Belmonte, en Cuenca.
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